domingo, 26 de febrero de 2012

¿Cuál es la clave para acabar con el SIDA? (1)


“El SIDA es un hecho criminal, y sus responsables tienen que ir a la cárcel”

USA: Jueces han dejado en libertad a 38 acusados de “contagiar el VIH” contra los que se pedía, en total, más de mil años de cárcel, porque nadie defiende el VIH/SIDA bajo juramento


¿Quién se atreve, por fin, a sacar el tema SIDA del campo científico-médico para situarlo directa y plenamente en el campo delictivo-criminal? ¿Quién está cambiando en los USA las reglas de juego de los juicios sobre “delitos relacionados con el VIH”?

Tiene que ser una persona especial, muy experimentada, tremendamente curtida. Dejo que se presente ella misma. Le cedo la palabra:

“Mi nombre es Clark Baker. He sido oficial de policía durante algo más de 20 años en el Departamento de Los Ángeles (1980-2000), y desde entonces soy detective privado, con licencia en California. He realizado varios millares de investigaciones criminales, civiles y militares, y he interrogado, arrestado, procesado y ayudado a interrumpir algunos miles de carreras delictivas que incluyen prostitución, drogas, agresiones, ataques contra la propiedad y asesinatos; en particular, he arrestado, interrogado y examinado físicamente más de 2.500 drogadictos. He recibido más de 80 condecoraciones, premios, menciones, certificados, etc., tanto militares como civiles, por mis servicios como sargento de marines de los USA y como oficial de policía.

Tras estos casi 33 años, me considero enormemente escéptico ante todo hasta que no lo compruebo por mí mismo. Hoy en día, la mayor parte de mi trabajo es pro bono (es decir, voluntario y gratuito), por lo que puedo ser muy exigente con aquellas personas a las que asisto. Se espera que los testigos mientan, pero si descubro que un cliente mío ha tergiversado los hechos o me ha engañado, normalmente lo abandono.

Soy afortunado por tener el tiempo, la energía y los recursos para poder ayudar a que personas inocentes puedan salir de apuros inmerecidos y acusaciones injustas.

Empecé mi investigación sobre el SIDA en mayo de 2008, y desde entonces he transferido TODAS mis demás investigaciones a otros detectives. Por estos esfuerzos, no he recibido resarcimiento económico alguno. Mi intención es continuar implicado en este tema hasta que los tribunales y/o los legisladores hayan terminado con esta empresa criminal llamada SIDA.

Hasta ahora, nunca imaginé que algunas industrias farmacéuticas podían apoyar falsa ciencia para financiar investigadores a fin de que produzcan fármacos caros que causan sufrimientos y enfermedades por todo el mundo. Ni que se pudiese utilizar legislación confusa para forzar (bajo amenaza de quitarles la patria potestad) a madres sanas y a sus bebés a ingerir fármacos que matan, y entonces utilizar las enfermedades y la mortalidad generadas como prueba de que una no-existente enfermedad sí que en realidad existe.

Si Ud. quiere comprender lo que ahora entiendo que es la conspiración criminal más importante que nunca pude imaginar, lea el Informe que elaboré: Gallo’s Egg2.

En circunstancias normales, pondría en dicho Informe una lista con mi agradecimiento a todas las personas que me han ayudado en esta investigación y en supervisar el subsiguiente documento final. Debido a las tenebrosas condiciones que existen en la comunidad científica y en la industria farmacéutica, no tendría sentido legítimo alguno exponer a estos testigos a los peligros de ser potenciales dianas y, por lo tanto, objetivo de ataques de todo tipo. Cuando llegue el momento adecuado, el mundo conocerá la diferencia entre aquellos que sirven a la Humanidad, y aquellos que se sirven a sí mismos a expensas de la Humanidad.

Jamás he escrito sobre algo más importante. Esta historia ha cambiado mi vida, y si Ud. se toma el tiempo y la paciencia para comprender lo que he redactado, también puede que cambie la suya.

No se precisa de formación médica alguna para investigar conductas fraudulentas o criminales, así como la financiación utilizada. No se requiere tener un cerebro privilegiado para ver que ningún científico ha demostrado nunca que el VIH: 1) existe; 2) ataca células; 3) causa el SIDA.

Argumentar contra las montañas de minucias del VIH/SIDA, que son interdependientes y que se respaldan las unas a las otras, requeriría terabytes de capacidad computacional y la tenacidad de los fanáticos más detestables del mundo.

La clave de todo este enorme entramado no se encuentra en las paredes de cartón-piedra ni en los peones ni en los corre-ve-y-diles, sino en la declaración original misma del propio Dr. Gallo sobre el VIH.

Tras haber investigado miles de crímenes y haber arrestado personalmente cientos de miembros de bandas criminales y otras gamas de depredadores, reconozco un asunto criminal en cuanto lo tengo delante. El VIH/SIDA convierte la estafa Enron en una partida de póker entre vecinos. Por malo que fuese Ken Lay (el fundador de Enron), nunca pudo pensar en envenenar y matar la cantidad de personas que las empresas farmacéuticas están dañando y matando en base a la medicina tipo-Mengele de Anthony Fauci y Robert Gallo. Escorias como ellos (y como John Moore, de la Cornell University), finalmente se pudrirán en el infierno, pero tengo la intención de que conozcan alguna justicia terrestre antes de que los chacales del averno se los merienden”.

No le resultó nada difícil a Clark Baker tomar posición en el tema SIDA. En efecto, fue a hablar con los oficialistas, y éstos le dijeron: “Los negacionistas son unos asesinos. Son responsables de la muerte de millones de personas en todo el mundo, sobre todo en el África negra. ¡Son unos asesinos! ¡No vaya a hablar con ellos!”. El razonamiento del Sr. Baker fue sencillo pero substancial: “Me quedé sorprendido porque me dicen que los disidentes son unos criminales pero en vez de animarme a perseguirlos y a meterlos en la cárcel, me aconsejan que ni siquiera me entreviste con ellos. Comprendí enseguida que los criminales son los oficialistas”.

Clark Baker afirmó: “Confío en la justicia divina, pero voy a dedicar lo que me queda de vida a que la justicia humana ponga en la cárcel a los Doctores Anthony Fauci, Robert Gallo y a todos los que han puesto en marcha el SIDA, que es el mayor asesinato en masa que jamás he investigado”.

Para conseguir este objetivo, Clark Baker formó en octubre del 2009 la Office of Medical and Scientific Justice (OMSJ, www.omsj.org). Su lema: “La integridad merece ser defendida”. Su misión: “Proteger y defender a las víctimas y a los testigos de la corrupción médica y científica”. Queda claro que el ámbito de actuación de la OMSJ es mucho más amplio que el montaje SIDA. Sin embargo, probablemente es en “el tema SIDA” donde más incide Clark Baker.

Así, dentro de la OMSJ ha constituido un HIV Innocence Group que proporciona asesoramiento científico-técnico, pericial, a los abogados que se lo solicitan para defender mejor a personas que se enfrentan a acusaciones relacionadas con el supuesto “VIH”. En efecto, en todos los países -pero especialmente en los USA, como veremos en la segunda parte- hay personas ya encarceladas y otras en procesos judiciales en que se les pide muchos años de cárcel  supuestamente
por haber contagiado el supuesto “VIH”, en especial por haber mantenido relaciones sexuales sin avisar de que estaban etiquetadas como “seropositivas”. Debido: 1) a la compleja naturaleza científico-técnica de estos casos; 2) al enorme volumen de la deliberadamente engañosa propaganda oficial; 3) a la –por ahora existente confianza en la versión oficial VIH/SIDA del SIDA, 4) a la –por ahora inercia de los jueces, supeditados a los peritos oficialistas, y 5) a los –por ahora escasísimos recursos materiales de quienes cuestionamos la versión oficial del SIDA, llega poquísima información científica correcta que pueda ser utilizada por los abogados defensores para proteger a sus defendidos, ni usada por los fiscales y jueces para poder hacer justicia. Todos están –por ahora- sumergidos en la heterodoxa pseudociencia del VIH/SIDA, elaborada sobre la marcha por el establishment del SIDA en función de sus necesidades, “cosa” a la que Clark Baker llama Junk Science, que puede traducirse por “ciencia basura”.

Clark Baker, por un lado, ha logrado reunir en HIV Innocence Group un conjunto de científicos, médicos, investigadores independientes y abogados que preparan informes y declaraciones juradas (afidávit), y que asesoran a los abogados defensores para que puedan poner contra las cuerdas a los peritos oficiales formulando las preguntas y las repreguntas adecuadas, y que quede claro ante el juez que en realidad “el emperador está desnudo”, es decir, que la versión oficial del SIDA carece totalmente de base científica. Y por otro lado, aplicando al tema SIDA una sentencia del Tribunal Supremo de los USA (Melendez-Diaz contra Massachusetts, del 25 de junio de 2009), ha conseguido que la presentación de las pruebas no recaiga en los abogados defensores críticos sino en los acusadores oficialistas. Es decir, son quienes afirman que “la persona Tal ha cometido el delito de contagiar a otra(s) el virus VIH causante del SIDA, por lo que debe ser condenada a largas penas de cárcel porque el VIH existe, porque el VIH es la causa del SIDA, porque los test detectan infección por VIH, porque el VIH se transmite sexualmente, etc.”, los que deben presentar las pruebas científicas de que están debidamente demostradas todas y cada una de estas falsas aseveraciones oficiales, en las que sin embargo los oficialistas creen… o, mejor dicho, simulan creer mientras ello les reporta ventajas.

Debido a este cambio, que hace que lo que técnicamente se llama “la carga de la prueba” recaiga en los oficialistas, en los USA en 26 meses (de diciembre de 2009 a enero de 2012)

los jueces han dejado en libertad a ya nada menos que 38 personas contra las que se pedía 10, 25, 40 o más años de prisión por haber
“contagiado” supuestamente  el supuesto “VIH”.

En bastantes de estos casos, el juicio no ha llegado ni siquiera a celebrarse. ¿Por qué? Sencillamente porque los acusadores NO ENCUENTRAN A NINGÚN científico o médico oficialista que, ante abogados defensores adecuadamente preparados, se atreva a ir a defender la versión oficial del SIDA bajo juramento y, por tanto, CON RIESGO DE IR A LA CÁRCEL. Pero, eso sí, estos mismos expertos oficialistas siguen cobrando cada final de mes por vivir ellos del VIH/SIDA a costa de espantar, envenenar y matar a sus víctimas, y de prolongar el primer dogma mundial de terror que la humanidad ha conocido… y que sigue –por ahora
padeciendo.

En el próximo número de Universo Holístico resumiré el Informe que estoy preparando acerca de estos 38 juicios a personas que (como desgraciadamente lo han sido muchas otras en casi todos los países, incluido España) hubiesen sido condenadas a largas penas de prisión supuestamente
por “haber contagiado el VIH, causa del SIDA, por vía sexual”. Pero resulta que no hay prueba científica alguna ni de la supuesta “transmisión sexual del VIH”, ni de la existencia de dicho supuesto “VIH”, ni de que “el VIH causa el SIDA”, y ni siquiera de que “eso” llamado SIDA sea una enfermedad. De hecho, la falsedad madre de todas las demás falsedades fue afirmar en 1981 que se había detectado una nueva enfermedad (falso) contagiosa (falso), caracterizada por una inmunodeficiencia (falso) e inevitablemente mortal (falso). Esta múltiple mentira inicial fue la decisiva, pues exigió construir todas las falsedades posteriores a fin de tapar y justificar a la primera, e ir dándole una apariencia pseudocientífica y tecnológica que facilitase su implantación mundial.

No es de extrañar que en los USA ningún oficialista vaya a defender BAJO JURAMENTO la versión oficial del SIDA. ¿Se ofrecerán voluntariamente los oficialistas españoles a ir a sacar del apuro a sus colegas –¡¡¡Y MAESTROS!!!- estadounidenses?

 
Barcelona, 17 de febrero de 2012

Lluís Botinas [lluis.botinas@plural-21.org]

Autor de “DESMONTAR EL SIDA. El SIDA no es una enfermedad a tratar –ni siquiera alternativamente
sino un engranaje made in USA a desmantelar”. Se puede bajar gratuitamente de la web de la editorial aquí


1 Este artículo aparecerá publicado en la revista “Universo Holístico”, nº 47, de marzo de 2012.

2 Hecho público en julio de 2008, aún no hay traducción completa al español; se puede bajar el original en inglés de aquí

martes, 7 de febrero de 2012

Microbioma: El cuerpo humano es una bacteria


El estudio de los cien billones de microorganismos que habitan en el interior del intestino está cambiando el tratamiento de las patologías gastrointestinales, las dolencias cardiovasculares e incluso trastornos como el autismo

MARTA PALOMO Barcelona 24/01/2012 05:18 Actualizado: 24/01/2012 06:23

Imagen de 'El David' de Miguel Ángel.

 

El proyecto Genoma Humano secuenció la información genética contenida en el 10% de las células que forman el cuerpo humano. El 90% restante no son células humanas sino un auténtico ecosistema de unos cien billones de bacterias que habitan en nuestro cuerpo. Reciben el nombre de microbioma, y la ciencia está descubriendo cada día nuevas pruebas que demuestran que son fundamentales para nuestra supervivencia. Como explica el doctor Francisco Guarner, responsable del grupo de Fisiología y Fisiopatología Digestiva del Vall d'Hebron Institut de Recerca (VHIR), "el microbioma se considera ya un órgano en sí mismo".
Las alteraciones que se producen en esta población de microorganismos tienen serias consecuencias para la salud; de hecho influyen hasta tal punto en el cuerpo que pueden llegar a modificar la conducta y el desarrollo cerebral. Hay estudios que demuestran que animales de laboratorio que crecen en total ausencia de bacterias tienen un desarrollo corporal deficiente, un cerebro distinto e inmaduro y su sistema inmunitario es incompleto. Lo sorprendente "y una de las razones que justifica el considerar el microbioma como órgano", explica Guarner, "es que si a estos animales se les trasplanta la flora de individuos normales, recuperan la normalidad". 

"El microbioma se considera ya un órgano en sí mismo", dice un experto

 

Bioquímica cerebral

Estos resultados todavía no pueden extrapolarse a seres humanos, pero "existen evidencias indirectas de que el microbioma afecta a nuestra bioquímica cerebral", afirma la investigadora y doctora Elena Verdú, que ha participado en estos experimentos con ratones en la Universidad de McMaster (Canadá). "Es posible que estos mecanismos estén implicados en enfermedades como el autismo", añade la investigadora.
Los trastornos gastrointestinales se cuentan entre las complicaciones que sufren las personas con autismo y merman su calidad de vida. La causa última de esta asociación todavía se desconoce, pero investigadores de la Universidad de Columbia, en EEUU, han descubierto recientemente lo que podría ser una diferencia clave: muchos niños autistas tienen un tipo de bacteria en su flora intestinal que el resto de los niños no tiene.
Este microrganismo en concreto pertenece al género Sutterella y, aunque su presencia está asociada a patologías digestivas inflamatorias como la enfermedad de Crohn
o la colitis ulcerosa, según Bren Williams, autor del estudio, "aún queda mucho trabajo que hacer antes de entender el papel de Sutterella en el autismo". 

Casi dos kilos de células bacterianas habitan en nuestro cuerpo

El hecho de que una gran parte de pacientes autistas tengan alterados el tipo y la cantidad de especies de la flora intestinal es una situación en la que todavía no se sabe qué es primero, si el huevo o la gallina. Como asegura Verdú, "la conexión cerebro-intestino es bidireccional" y parece ser prometedora.
Y es que una flora intestinal adecuada no sólo genera vitaminas y aminoácidos esenciales para la supervivencia del cuerpo humano, sino que también estimula el sistema inmunitario. La mayoría de células inmunocompetentes conviven con las bacterias en la pared del intestino y es principalmente allí donde entran en contacto con los antígenos del exterior y el sistema aprende a diferenciar lo propio de lo ajeno.
Todavía no se sabe si las alteraciones gastrointestinales en el autismo son algo más que sintomáticas, pero en otros casos sí lo son. En pacientes con enfermedad de Crohn o esclerosis múltiple, que sí tienen una base autoinmune, la flora intestinal está alterada, y se ha demostrado que, enriqueciéndola, se mejoran sus afectaciones neurológicas. 

La flora intestinal interactúa con los fármacos y los alimentos

Una de las opciones terapéuticas en estudio es restaurar la población de bacterias y alterar el sistema inmunitario del paciente mediante el consumo de probióticos o de determinados gusanos helmintos (parasitarios) no patógenos. Aunque esta última opción no suene deliciosa, ya se han obtenido resultados en varios pacientes y en EEUU se han iniciado estudios clínicos en personas autistas y pacientes con esclerosis múltiple o con alergias alimentarias graves. De todos modos, Guarner opina que, aunque los resultados de los tratamientos con helmintos son prometedores, "la solución a estas enfermedades necesita conocer mejor el microbioma".
Desde que se conoce la repercusión del microbioma en el cuerpo humano, la investigación de cómo alterarlo y obtener efectos beneficiosos no sólo avanza en el campo de las enfermedades digestivas, sino en muchos otros, como por ejemplo la cardiología. Hace tiempo que se sabe que pacientes con obesidad o diabetes tipo 2 tienen más riesgo cardiovascular que personas sanas y también elevados niveles de leptina, una hormona relacionada con el metabolismo y el apetito. Un estudio reciente ha puesto en práctica un hecho que ya se conocía, que la presencia de Lactobacillus plantarum disminuye la secreción de leptina. Los resultados demuestran que ratas alimentadas con un probiótico que contiene dicha bacteria sintetizan menor cantidad de leptina y ello podría tener un reflejo en la disminución del número y la gravedad de infartos.
El doctor Abel Mariné, experto en nutrición y seguridad alimentaria de la Universidad de Barcelona, opina que, aunque sí parece existir una relación entre obesidad y flora intestinal "y este estudio es interesante, no hemos de perder de vista que está hecho con animales de laboratorio y que se ha de verificar y ser reproducible", explica. De todos modos, "los probióticos no deben confundirse con medicamentos, pues sus efectos beneficiosos son suaves y a largo plazo", aclara Mariné (ver despiece).

 

A por los genes

El siguiente gran paso biomédico después de lograr secuenciar el genoma humano es el proyecto europeo MetaHIT (Metagenómica del Tracto Intestinal Humano) . Su objetivo es ambicioso: descifrar el material genético de las más de 150.000 especies distintas de microbios que colonizan el cuerpo humano. Guarner, responsable español de MetaHIT, explica: "Vamos a generar un catálogo de las bacterias simbióticas que viven y participan en nuestro cuerpo, sus características y sus funciones".

Un proyecto quiere descifrar los genes de los microbios que colonizan el cuerpo

La investigación del microbioma no es sencilla, "puesto que la mayoría de las bacterias del intestino necesitan del ecosistema que forman con las demás para crecer", detalla Guarner, "y, por lo tanto, no crecen en las condiciones de cultivo del laboratorio". La solución a este reto ha sido la metagenómica, es decir, aplicar técnicas de biología molecular y secuenciación de genes para obtener grandes bases de datos.
Este proyecto, en el que participan ocho países europeos, está en marcha desde 2008 y tiene fecha prevista de finalización para junio de 2012.
Hasta ahora, los resultados que se conocen del proyecto MetaHIT son sorprendentes. Los investigadores han descubierto, por ejemplo, que es posible que los seres humanos puedan clasificarse, además de por grupo sanguíneo, sexo y edad, según sus bacterias. Los científicos de MetaHIT analizaron la flora intestinal de casi 200 personas de seis nacionalidades distintas y descubrieron que todas ellas se podían agrupar en tres tipos bien diferenciados.
Este descubrimiento puede tener una gran repercusión en medicina puesto que, según explica el genetista Mani Arumugam, primer investigador de estos resultados, "la flora intestinal interactúa directamente con los fármacos y los alimentos que tomamos y modula su absorción"; así que Arumugam cree que, en un futuro, se podrían "diseñar dietas y fármacos personalizados" en función del tipo bacteriano al que pertenezca cada persona.


Una flora intestinal adecuada estimula el sistema inmunitario

Los resultados del estudio MetaHIT pretenden tener infinidad de aplicaciones terapéuticas. "El gran objetivo es llegar a entender una parte del cuerpo humano que hasta ahora desconocíamos", explica Guarner. "Si llegamos a conocer al detalle estos dos kilos de células bacterianas que habitan en nuestro cuerpo, entonces podremos utilizar este conocimiento para tratar el autismo, trastornos psiquiátricos tempranos, enfermedades autoinmunes, alergias, trastornos del metabolismo, obesidad o diabetes tipo 2", enumera.

Los desvaríos del Ministerio de Sanidad

DEMOLEDOR, DURÍSIMO Y ESCLARECEDOR EDITORIAL SOBRE EL SISTEMA SANITARIO
 
       Que el Director de Discovery DSALUD, José Antonio Campoy, lleva años sin cortarse un pelo a la hora de denunciar la actual corrupción del sistema sanitario, es bien sabido por todos quienes le siguen -cerca de 100.000 personas cada mes solo a través de la web www.dsalud.com (datos oficiales de Urchin Software Corporation)- pero ciertamente en el editorial de la revista correspondiente a Febrero que acaba de salir a la calle, se ha superado. Aí­ que dado su interés y con permiso de la empresa editora, esta vez nos hacemos eco del mismo reproduciéndolo entero en la seguridad de que muchos internautas querrán difundirlo entre sus contactos. Este es el texto que transcribimos tal cual:
 
Los desvaríos del Ministerio de Sanidad
     
        En el ámbito de la salud es igual quién gobierne en España: al frente del Ministerio de Sanidad siempre se designa a alguien que termina estando al servicio de los grupos de poder, muy especialmente el de las multinacionales farmacéuticas. Así que la posibilidad de que la sociedad acceda algún dí­a a médicos y servicios de salud realmente eficaces y curativos en lugar de paliativos y iatrogénicos es nula. ¿Que ello lleva a la desesperación a millones de personas, ignorantes de que se les está engañando? No importa. ¿Que ello lleva a la muerte solo en nuestros hospitales públicos a más de 400.000 personas cada año mientras son tratadas de esa manera, (morbilidad hospitalaria española según el Instituto Nacional de Estadística)? No importa.
    ¿Que los médicos empiezan a ver desesperados cómo cada año la industria se inventa nuevas enfermedades para así poder vender fármacos especí­ficos para ellas “una auténtica burla en realidad- y en estos momentos es ya tal la cantidad de patologí­as existentes“ miles- que ni los propios galenos conocen sus nombres y los sí­ntomas que se supone les caracteriza siendo por ello incapaces de identificarlas y, por tanto, de afrontar el problema de sus enfermos? No importa.
    ¿Que la industria ha decidido, dada la imposibilidad de curar con sus fármacos una sola de sus inventadas enfermedades, hacer negocio alegando que sí­ puede prevenirlas comercializando para ellas todo tipo de vacunas que dar a las personas sanas? No importa. ¿Que esas vacunas no previenen nada porque jamás una sola vacuna ha demostrado prevenir una sola enfermedad? No importa.
    Y retamos públicamente a los colegios médicos, a los laboratorios y al Ministerio de Sanidad a que nos entreguen la documentación cientí­fica que prueba que al menos una sí­ lo logra. Que nos demuestren que hay una sola vacuna que previene alguna enfermedad. La que sea. Es  más, les retamos a que nos demuestren que el VIH existe y es la causa del SIDA. Y que los tratamientos oncológicos oficialmente aprobados y de obligado uso en los centros públicos previenen o curan el cáncer. O que una sola de las drogas usadas por los psiquiatras previene o cura alguna de las inventadas enfermedades psiquiátricas. O que conocen siquiera un solo fármaco que prevenga o cure alguna de las llamadas enfermedades crónicas y degenerativas. Y nos da igual si es un fármaco para el Parkinson, el Alzheimer, la Ataxia Cerebelosa, la Esclerosis Múltiple, la Fibromialgia, la Fatiga Crónica, la Psoriasis, el Lupus Eritematoso, la Sensibilidad Quí­mica Múltiple o cualquier otra de las miles de enfermedades hoy catalogadas. Es más, que nos demuestren que hay un solo fármaco realmente eficaz que prevenga o cure cualquiera de las enfermedades más simples: el resfriado, la gripe común, el acné, una rinitis. No podrán porque no existen tales fármacos. Nada de lo que hemos comentado pueden demostrarlo cientí­ficamente. En cambio, sí­ está cientí­ficamente constatada la enorme peligrosidad de casi todos ellos: incluidas las vacunas con las que irresponsablemente se inocula a los bebés y los niños.
    Luego, ¿qué está pasando? ¿Cómo es posible que los médicos sigan haciendo el juego a la mafia que dirige un sistema sanitario tan podrido como el implantado por quienes controlan el negocio mediante testaferros en la OMS, las agencias internacionales de presunto control de fármacos, los ministerios de Sanidad, los colegios médicos y las facultades de Medicina? Y, sobre todo, ¿cómo es posible que se mienta una y otra vez públicamente sin que a nadie le pase nada? ¿Cómo es posible que se haga el juego a empresas que en las últimas décadas han sido llevadas a los tribunales en innumerables ocasiones por graves delitos con resultado de millones de ví­ctimas -entre ellas decenas de miles de muertes- cuyos dirigentes no están en la cárcel porque el podrido sistema político-judicial occidental les permite comprar con dinero su impunidad?
    Que el Ministerio de Sanidad, Polí­tica Social e Igualdad diera a conocer el pasado mes de diciembre un informe diciendo, por ejemplo, que sólo unas pocas de las «llamadas terapias naturales han demostrado su eficacia en situaciones clí­nicas concretas mediante la aplicación de métodos cientí­ficos» es una burla. Porque ni uno solo de los fármacos que el ministerio ha aprobado, ha demostrado cientí­ficamente prevenir o curar una sola patologí­a. Es más, ¿cómo permite el ministerio, por ejemplo, que haya médicos que digan que los productos homeopáticos no sirven para nada cuando tienen hoy la consideración de fármacos y su venta está restringida a las farmacias? Si no sirven para nada, su venta es una estafa y deberí­a procesarse de inmediato a quienes los fabrican, los comercializan y los distribuyen pero, sobre todo, a los médicos que los recetan, a los farmacéuticos que los venden y a los responsables sanitarios que los han aprobado. ¡Todos a los tribunales! Y si no procede ¡que se lleve a los tribunales a quienes se burlan de ellos por intentar engañar gravemente a la población! La verdad es que vivimos una situación esperpéntica. El Ministerio de Sanidad deberí­a replantearse en serio la eficacia de los tratamientos y productos que financia el estado. ¡Ya está bien de despilfarrar miles de millones de euros en productos iatrogénicos que ni previenen ni curan nada! Es hora de que alguien ordene que se revise lo aprobado hasta hoy. Es indignante que se exija un comportamiento ético a todo el mundo y se obvie a los agentes involucrados en el negocio de la enfermedad. Hay que regenerar urgentemente el putrefacto sistema sanitario a nivel mundial pero para eso debemos empezar haciéndolo nosotros en nuestra propia casa. Es cada vez más urgente.
 
                                                                                    José Antonio Campoy. Director.