sábado, 23 de agosto de 2014

Algunas reflexiones sobre la reciente Conferencia Internacional de Sida de Melbourne 2014. por Manuel Garrido Sotelo


Publicado por Superando el Sida el 22 de julio de 2014

Como sabéis, estos días se celebra en Melbourne, Australia, la 20ª Conferencia Internacional sobre el Sida, uno de esos macrofestivales que la industria farmacéutica con intereses en el SIDA monta cada dos años, cada vez en un país distinto, donde, con la excusa de la lucha contra la “pandemia” y en connivencia con organismos sanitarios nacionales e internacionales, dictan las directrices mundiales que más convienen a su negocio. Perdéis el tiempo si pretendéis encontrar, entre la nube de organismos y personalidades que, o bien financian, o bien pretenden avalar con su adhesión estos cónclaves, otra cosa que no sean las multinacionales farmacéuticas o sus bien pagados agentes, sean médicos, investigadores o activistas.
Esas 12000 personas, con sus respectivas estancias durante días, viajes, etc., dan idea del gran poderío económico de quienes montan estos eventos, un poderío económico que no sólo financia miles de estancias y viajes en avión a un lugar en las antípodas geográficas, (no los hacen más cerca pues tendrían que soportar la presencia, al menos en su puerta, de molestos disidentes), sino que sirve también para comprar conciencias, pagar estudios amañados que hablan de la bondad de sus productos y reclamar más dinero para garantizar, en aras de unos sospechosos criterios de equidad social, que todo el mundo pueda “acceder a ellos”, todo ello mediante las correspondientes peticiones de las oenegés financiadas con este fin, de supuestas medidas gubernamentales destinadas a que el dinero público financie unos tratamientos tóxicos y experimentales que no reúnen las mínimas condiciones exigibles como para ser recomendados, (estudios a doble ciego con placebo).

El marketing lo primero

Es notoria y llamativa también la avidez y la prisa para ampliar el mercado de los arvs, ya no les llega con tener clientes de por vida con los tratamientos, ahora estos tóxicos, (donde en algunos casos figuraba hasta hace poco en sus prospectos la advertencia “este medicamento ni previene, ni cura, ni evita la transmisión”), son recomendados para prevenir el “contagio” en las personas con “prácticas de riesgo”, como los gays. Por supuesto, las ONGs subvencionadas con dinero público y de las multinacionales hablan ya del objetivo de conseguir que, para el 2020, todos los “infectados” puedan “beneficiarse” de esos tratamientos tóxicos y experimentales.
Por otra parte, el hecho de que se llame la atención en este “concilio ecuménico” sobre la conexión entre vih y hepatitis C, o entre vih y tuberculosis, parece apuntar al deseo de estas lumbreras de asociar el consumo arvs al consumo de antibióticos para la tuberculosis o a las terapias anti hepatitis C, (en personas etiquetadas como vih+ se supone), lo que no augura nada bueno para la salud de esas personas pues el tratamiento de la tuberculosis ya es lo bastante fuerte por el número de antibióticos y por su duración, como para añadirle estos tóxicos, en el caso de la hepatitis C no tenemos muy buenas referencias en cuanto al uso de tratamientos anti hepatitis C asociado a arvs, siendo por lógica de esperar resultados que pueden ser catastróficos. No entendemos, desde el punto de vista del simple sentido común, estas recomendaciones, claro que a estas alturas no nos extrañaría nada que también estuvieran en connivencia con las funerarias.

Discriminación e hipocresía

La impresentable Barré-Sinoussi, colaboradora del camándula Lluc Montagnier, y receptora junto a él del Nobel de Medicina por el supuesto descubrimiento del virus vih, la misma que se permite tachar a otros científicos de “criminales” por el hecho de sostener un punto de vista diferente, una señora con intereses muy claros en el SIDA ya que, como supuesta “codescubridora del vih”, recibe un tanto de cada test de vih que se vende en el mundo, (esos tests chapuza mediante los cuales se diagnostica a las personas la condición de supuesto portador), pronunció un bonito discurso sobre la discriminación, aludiendo más en concreto a la que afecta a gays y lesbianas.


Aplaudimos su discurso en lo que se refiere a su denuncia de la negación de derechos elementales de las personas homosexuales un muchos países, pero esta señora olvida que la causa de su discriminación, por lo que se refiere al vih, es precisamente esa, el vih, es decir, el hecho de que se asocie esta opción sexual con una enfermedad contagiosa cuyo agente causal nadie jamás ha visto. Esta conexión nada científica entre una determinada opción sexual y una enfermedad supuestamente letal y contagiosa fue establecida hace ya 30 años, al principio de toda la Histeria del Sida, sin ningún estudio científico que la avalara.
En este sentido seguimos como al principio, cuando el obispo de N. York, tras la injustificada psicosis de epidemia, creada nada menos que por un organismo de salud pública, (el Centro de Control de Enfermedad de Atlanta, USA), era tal el pánico que ni siquiera en los hospitales admitía a lo que parecían enfermos de sida, dando lugar a situaciones de lo más esperpéntico, al punto de que el prelado se vio obligado a decir: “Aunque el pecado es condenable, no debemos abandonar al pecador”. Lo único que ha cambiado es que ahora usan un supuesto test que no detecta al virus pero sigue detectando el “pecado” (el pecado de ser vih+, que se identifica con el de ser homosexual), pues de ahora en adelante irá todo indisolublemente unido.


¿Cae en la cuenta Barré-Sinoussi que la principal fuente de discriminación es precisamente la condición de vih+, detectada mediante un test chapuza del que ella recibe sus buenos royalties?

Algo de lo que no se habló en esa conferencia

Si entendemos el SIDA como lo que indican sus siglas, es decir, como inmunodeficiencia adquirida, es algo que está perfectamente documentado en la literatura médica que su principal causa, es decir, la que más muertes provoca por inmunodeficiencia en individuos de todas las edades actualmente en el mundo, sigue siendo la desnutrición, el hambre.
Pues bien, ¿Se habló en esa conferencia sobre la principal causa de SIDA actualmente en el mundo? ¿Se habló de la desnutrición, del hambre que azota a una buena parte de la humanidad? No, evidentemente, con el hambre no es posible hacer el negocio que se hace con un supuesto virus, el hambre no da de comer a tantas oenegés como el supuesto virus vih, ni da para estos macroespectáculos.



Tampoco se habló de la otra causa importante de inmunodeficiencia adquirida, los tóxicos, bien sea drogas de “recreo”, como la heroína, cocaína, “poppers”, abuso de alcohol…o medicamentos, (desde el abuso de antibióticos, la cortisona, los fármacos inmunosupresores, quimioterapia del cáncer, por ejemplo, a cuya familia pertenecen precisamente la mayoría de los fármacos que se venden bajo en nombre de antivirales). Tanto es así que se puede decir que El SIDA, sobre todo en el mundo occidental, es un problema tóxico: primero te intoxican la mente con la idea de que has sido contagiado con un virus letal y luego, por si no tuvieras ya el organismo suficientemente intoxicado, lo acaban de intoxicar más con unos fármacos que la mayoría de ellos pertenecen a la quimioterapia del cáncer, (fármacos también llamados en medicina “citotóxicos”).

Y mientras tanto…

¿Qué hay de los millones de personas en todo el mundo, muchos miles en nuestro país, supuestamente infectadas que se mantienen vivas y sin mayores problemas de salud desde hace un mínimo de 10 o 15 años sin necesidad de fármacos? ¿No merece ese sector de población un estudio?
No, cuando lo que interesa es, única y exclusivamente, el negocio.

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Artículos relacionados: Miedo y asco en Ginebra, sobre el lamentable estado del periodismo en el SIDA, Celia Farber

jueves, 3 de julio de 2014

NEUROLOGÍA: excitotoxicidad y esclerosis múltiple

Revisando un artículo titulado "muerte de los oligodendrocitos por excitotoxicidad en la esclerosis múltiple", que apareció en la web de la Fundación Vasca Esclerosis Multiple Eugenia Espalza Fundazioa, en junio de 2006, me encuentro con una muestra más de la visión esquizofrénica que sufre la ciencia oficial y más concretamente las ciencias de la salud y la medicina alopática actual.

Quiero aclarar que solo soy un individuo con inquietudes, que quiere tomarse la responsabilidad de revisar cuanto digan los expertos en las diferentes materias y compartir mis impresiones con las demás personas que puedan estar interesadas, en este caso, cuestiono la línea de acción de los investigadores a los que hace referencia el artículo mencionado.

Volviendo al artículo, aunque en los primeros párrafos hace una descripción didáctica de qué son los oligodendrocitos, cuál es su función en el sistema nervioso central, y más concretamente entre las neuronas, y qué patologías produce su degeneración, aumento de vulnerabilidad o desaparición, y a pesar de que ya desde el primer párrafo señala la excitotoxicidad como una de las causas de la muerte de estas células, sin embargo, nada nos aclara sobre qué es la excitotoxicidad, bueno, en honor a la verdad, dice que es "un proceso por el cual el exceso de activación de los receptores glutamatérgicos produce [un] daño [...]", pero nada dice de cómo se llega a esa excitotoxicidad, y el hecho de esta notoria omisión resulta ser suficiente para levantar una sospecha:
  1. ¿puede que no se diga nada acerca de cómo se llega a la excitotoxicidad porque, de alguna manera, se toma como algo intrínseco a nuestra realidad biológica o social sobre lo que nada podemos hacer y nada podemos cambiar?
  2. ¿o puede que haya intereses ocultos en no mencionar nada al respecto de la excitotoxicidad porque podría emerger una verdad incomoda que indudablemente colisionaría con intereses de la industria político-farmacéutica?

Encuentro elementos para dar una respuesta a estas preguntas en los dos últimos párrafos del artículo mencionado, donde se habla de estudios clínicos, tratamiento actual de la esclerosis múltiple con fármacos, posibilidad de otros tratamientos inexistentes actualmente, y esperanzas de futuro.

En primer lugar, no se menciona en absoluto ninguna línea de trabajo o estudio dirigida a resolver o reducir la excitotoxicidad, que el mismo artículo señala como una de las causas de muerte de los oligodendrocitos, pero, sin embargo, sí existen estudios dirigidos a desarrollar nuevos medicamentos para bloquear el efecto producido por la excitotoxicidad. Esta orientación de los estudios y las investigaciones ponen de manifiesto que la verdadera intención de los departamentos de Investigación, Desarrollo e Innovación (I+D+I) de las compañías farmacéuticas están dirigidos --y sus recursos destinados-- a abrir nuevos mercados y a ampliar los ya existentes ("desarrollar fármacos que protejan a estas células" o "encontrar fármacos más eficaces"), pero nunca a resolver el problema de raíz y definitivamente, porque en ese caso, se estarían cerrando posibilidades de mercado.

En segundo lugar, el problema de la excitotoxicidad es un tema que se puso de manifiesto ya en los años '90. Se han generado desde finales de los '60 innumerables trabajos y estudios sobre la peligrosidad para la salud de las personas del uso de excitotoxinas en la industria alimentaria, una amplia variedad de productos alimenticios, aún hoy en día, contienen varias formas de excitotoxinas, incluso en comidas para bebés, y pese al pleno conocimiento de ello, ninguna agencia pública está interesada en la prohibición o regulación de estas sustancias peligrosas, ni suscita ningún interés en ninguna formación política.

En definitiva, mi respuesta a las preguntas anteriores es:
  1. Sí, es cierto, no hacen ninguna mención de la excitotoxicidad porque ese hecho lo toman como una realidad que no quieren cambiar, porque la  investigación dirigida por la industria farmacéutica nunca tendrá como objetivo resolver el problema de forma radical y definitiva, más bien lo contrario, eternizar la investigación hasta el absurdo antes de cerrarse una posibilidad lucrativa de negocio, o hasta que la evidencia la aplaste y empiece a contemplar la probabilidad de hacer frente a demandas multimillonarias por su responsabilidad en muertes o sufrimientos que fueron innecesarios y fácilmente evitables.
  2. Y sí, sin duda, el tema de la peligrosidad de las excitotoxinas para la salud de las personas es una verdad incomoda que se sigue ocultando desde hace décadas, pese a toda la evidencia publicada en las revistas científicas de rigor, y pese a que, en artículos como el que acabamos de analizar, que ni siquiera disimula esta verdad, la solución está, a todas luces, delante de las narices de quien esté realmente interesado en resolver el problema.
Mientras existan intereses de la industria interfiriendo en la gestión y solución de los problemas de salud de las personas, estaremos ante una situación de máximo riesgo, de la cual todas tenemos que empezar a saber protegernos. Es decir, aprender a vivir una vida sana y saludable (máxima garantía para no enfermar), o, cuando sea necesario, aprender a resolver nuestros problemas de salud por nuestros propios medios, y siempre dirigir nosotros nuestra propia investigación de todo cuanto se nos diga, todas tenemos la capacidad para ello, no nos dejemos engañar.

Estos son algunos de los productos que contienen MSG (Glutamato Monosódico o Monoglutamato de sodio, E-621) un potente neurotóxico:
  • Glutamato
  • Ácido Glutámico
  • Gelatina
  • Caseinato de calcio
  • Proteína hidrolizada
  • Caseinato de sodio
  • Carragenato
  • Maltodextrina
  • Extracto de malta
  • Ácido cítrico
  • Aroma de cerdo (en las patatas fritas)
  • Aroma de pollo (en las sopas preparadas)
  • Proteína de soja
  • Leche ultrapasteurizada
  • Leche en polvo
  • Salsa de soja
  • Caldos de sopas preparados
  • Malta de cebada
  • Proteína de trigo
  • Extracto de levadura
  • Proteína texturizada
  • Harina de avena hidrolizada
  • Aromas, sabores, aromatizantes
  • Cualquier producto con proteínas añadidas (proteína de soja, proteína vegetal, proteínas de la leche)


Dr. Russell  Blaylock,  Excitoxinas

 (libro recomendado)
Para quienes estén interesadas en seguir investigando el tema de las excitotoxinas, sugiero el libro "Excitotoxins, The Taste that Kills" (excitotoxinas, el sabor que mata) de Russell L. Blaylock, M.D.


Otros artículos de interés sobre este mismo asunto aquí y aquí


y un vídeo aquí


¡a vuestra salud!